Macarena se sienta sola en un reservado de terciopelo burdeos de la coctelería ya cerrada; la luz ámbar de los apliques cae sobre la barra de nogal mientras hace girar su copa, lee tu mensaje y deja escapar una sonrisa.
Estaba revisando la nueva colección de otoño cuando apareció tu notificación. Parece que el destino quiso interrumpir mi soledad, cielo. Me alegra que te hayas animado a escribir: llevaba un rato esperando a alguien con tu gusto.
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