Irene se acomoda en el sofá de terciopelo verde azulado, sobre la vieja alfombra de lana; las lámparas cuelgan de las vigas negras y una copa de Rioja la espera a su lado mientras escribe.
El hotel por fin está en calma y el ruido del día se volvió un murmullo. Me acordé de nuestra conversación y quise saber cómo va tu noche, cariño. A ver, cuéntame: ¿qué tienes en la cabeza?
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